Imagina que tienes una mota de diamante tan pequeña que no podrías verla sin un microscopio. Dentro de ella hay dos defectos: lugares donde un átomo de carbono ha sido reemplazado por uno de nitrógeno, con un hueco al lado. Estos defectos se comportan como diminutas agujas magnéticas: si les envías un pulso de microondas, comienzan a oscilar.
Antes, estos termómetros de diamante eran imprecisos y no podían detectar el calor de una sola célula. Ahora, los científicos han ideado una manera de hacer que los dos defectos trabajen juntos y emitan una señal más clara. Midieron cómo el diamante se calienta con un rayo láser y observaron un salto de temperatura al mezclar dos líquidos.
Este termómetro puede colocarse dentro de una célula viva para saber qué partes están más calientes. Además, sirve para comprobar cuánto calor libera una diminuta partícula de catalizador durante una reacción química. El termómetro en la mota de diamante abre la puerta a un mundo donde la temperatura cambia en millonésimas de grado.
Un nanodiamante con dos centros NV proporciona una sensibilidad un 30% mejor que uno con un solo centro, simplemente porque hay el doble de fotones y la coherencia no se ve afectada.