El intérprete se distrae con cada susurro en la sala, y una reunión de una hora se convierte en dos. Así ocurre con un giróscopo convencional: para detectar el diminuto desplazamiento de una masa, necesita separaciones perfectamente precisas entre las placas. Cuanto más pequeño es el sensor, más difícil resulta mantener esa precisión. Los ingenieros llevan tiempo buscando otra forma de escuchar el movimiento.
En el nuevo trabajo, el papel del intérprete lo asume una unión túnel magnética (MTJ), un sándwich de dos capas magnéticas con un aislante entre ellas. Cuando se hace pasar una corriente de radiofrecuencia a través de ella, la rectifica en un voltaje continuo, y ese voltaje cambia si una masa de prueba magnética se mueve cerca.
El intérprete, por fin, ha dejado de distraerse con los susurros. Ahora escucha el eco magnético del movimiento, y ese eco puede amplificarse sin tocar la sala en sí. Solo queda hacer su voz más nítida.
La sensibilidad del diodo de par de espín en el experimento fue de aproximadamente 20 μV/mT, lo que permite detectar desplazamientos de la masa de prueba de fracciones de nanómetro. En la variante totalmente espintrónica, la amplitud de excitación se reduce a 150 nm, aproximadamente 500 veces más delgado que un cabello humano.