La orquesta toca sin director. Un violín se desafina y la música se echa a perder. En una computadora cuántica ocurre igual: el rayo láser pasa por decenas de espejos y si uno se desvía, todo el sistema deja de funcionar.
Antes, el ajuste lo hacía una persona, girando tornillos durante horas. Ahora, la red neuronal observa el punto de luz y dice al instante hacia dónde mover los espejos. Se entrenó con miles de ejemplos, como un niño que aprende a reconocer a un gato mirando imágenes.
Los científicos también descubrieron que cinco ajustes en realidad se reducen a tres principales. Es como si en la orquesta tres directores coordinaran los grupos de instrumentos. Así, el ajuste sigue un camino corto, en lugar de probar todas las opciones. Ahora este sistema se puede instalar en computadoras cuánticas reales para que funcionen sin interrupciones.
El resonador óptico funciona aquí como una nariz muy sensible: la más mínima desalineación de un espejo altera el patrón de luz más de lo que el ojo puede apreciar. Y la red neuronal aprende a "olfatear" esa desalineación con una sola imagen.