El tantalio es un metal que el cuerpo no rechaza, por eso se fabrican con él cápsulas para implantes. Dentro de una cápsula así puede haber un LED, y la luz debe salir al exterior. Para ello hay que crear una ventana transparente en el metal, es decir, convertir parte del tantalio en un óxido transparente.
La cavidad de microondas funciona como un oído atento: calienta la película y, a la vez, escucha cómo el metal se convierte en vidrio. Cuando el tantalio se oxida, la cavidad empieza a oscilar a otra frecuencia y pierde menos energía. Ese desplazamiento se ve en el instrumento y dice: la ventana está lista. Este método tarda decenas de segundos, mientras que en un horno habría que esperar una hora. Además, el metal no se evapora, como ocurre con el calentamiento por láser.
La oxidación completa aumenta el espesor de la película de 200 a 409 nm, es decir, el volumen crece más del doble. Si una casa de ladrillos se hinchara así, las paredes sobresaldrían hacia la calle.