Un libro con pestillos en las páginas: cada página puede estar plana o doblada. Para saber cuáles están dobladas, no hace falta hojearlo. Basta con golpear suavemente la tapa y escuchar cómo viaja el sonido a través de las páginas. En una página plana el sonido es uno; en una doblada, otro, porque la página doblada topa con un imán y empieza a vibrar de manera distinta.
Los científicos armaron una cadena de tres celdas y probaron las ocho posiciones posibles. En cada caso enviaron un pulso débil desde un extremo y registraron cómo vibraba la última celda. La respuesta siempre era distinta, como una firma. Luego montaron una cadena de ocho celdas y demostraron que, según la respuesta, incluso se puede medir la fuerza del golpe de entrada. Es como si el libro mismo dijera con qué fuerza lo cerraron.
La misma estructura puede dejar pasar unas frecuencias de vibración y amortiguar otras, según qué páginas estén dobladas. Eso significa que con estas celdas se pueden construir filtros mecánicos y sensores sin necesidad de electrónica. Algún día podrían dar lugar a una computadora que funcione a base de clics y golpes, no de electricidad.
La diferencia de frecuencias de resonancia entre los estados 0 y 1 es de 254 Hz, comparable a la diferencia entre la nota grave de un contrabajo y la nota aguda de un violín.
La idea de una memoria mecánica sin electrónica evoca las calculadoras de 'Dune' de Frank Herbert, donde la prohibición de máquinas pensantes llevó a la humanidad a crear tecnologías alternativas de procesamiento de información.