Es más fácil girar la tapa de un frasco agarrándola por el borde que por el centro. Algo parecido ocurre con los materiales laminares cuando se intenta rotar sus capas una respecto de la otra: la resistencia no nace de toda el área de contacto, sino solo de su borde.
Antes se pensaba que la resistencia a la rotación debería crecer en proporción al cuadrado del área de contacto, ya que un contacto circular del doble de tamaño contiene el cuádruple de átomos. Pero las mediciones mostraron que el momento de fuerza crece de forma lineal. Esto significa que las regiones internas del contacto casi no ofrecen resistencia.
Las simulaciones atomísticas explicaron el motivo: en los bordes del contacto, la red atómica se reorganiza para reducir la energía, y es precisamente esa estrecha franja la que asume la mayor parte de la carga. La parte interna permanece casi sin participar, como el centro de la tapa, que no se puede agarrar. Este hallazgo ayuda a diseñar microdispositivos donde las capas deben girarse con precisión.
El momento de fuerza para grafito sobre grafito con un radio de 2 micras fue de unos 40 nN·m, comparable al momento que genera una hormiga al girar una brizna de hierba de 1 mm de largo.
En la novela de Arthur C. Clarke 'El fin de la infancia', los extraterrestres utilizan una tecnología que permite manipular materiales a nivel atómico. Este trabajo sobre la torsión controlada de capas recuerda los primeros pasos hacia tales capacidades.