Más allá del planeta Neptuno, en la lejanía oscura y fría, flotan multitud de bloques de hielo, como islas en un océano. Estos bloques apenas han cambiado en cuatro mil millones de años y recuerdan cómo nacieron los planetas. Pero ver los más pequeños era muy difícil: brillan menos que una vela vista desde la Luna. Ahora el telescopio espacial James Webb ha logrado distinguir incluso aquellos del tamaño de una ciudad, de unos diez kilómetros.
El telescopio fotografió la misma región del cielo tres veces, con intervalos de cinco días. Durante ese tiempo, un bloque lejano se desplaza frente a las estrellas, como una balsa lenta entre boyas inmóviles. Para captar una luz tan débil, los científicos combinaron las imágenes siguiendo el movimiento de cada candidato y, con un programa informático entrenado con ejemplos artificiales, descartaron las señales falsas. Así encontraron 27 auténticas islas de hielo.
Este descubrimiento ayuda a entender cómo se forman los planetas en general. Antes se pensaba que en tamaños pequeños los bloques de hielo debían escasear, pero Webb ha mostrado que siguen apareciendo incluso a los diez kilómetros. Ahora los científicos saben que la mayor parte de la masa del cinturón de Kuiper se concentra en cuerpos de unos 200 kilómetros, no en fragmentos pequeños. El censo de las islas de hielo apenas comienza, y quedan muchos descubrimientos por hacer.
El objeto más tenue detectado de forma fiable, JPB24, es 100 veces más débil que el más brillante del sondeo, 2015 GK56, y su brillo es comparable al de una llama de vela a la distancia de la Luna.