En invierno, el aire que nos rodea no se mueve al azar. Permanece varios días en la misma posición, como una persona que se queda en una habitación antes de pasar a otra. Hay cuatro de estas habitaciones, y en cada una hace un tiempo distinto: en una, sobre Europa, hace calor y hay humedad; en otra, sobre Siberia, hace mucho frío y el cielo está despejado.
Los científicos han reunido datos sobre las corrientes de aire de muchos inviernos y han aplicado una técnica matemática que identifica estas habitaciones y muestra con qué frecuencia el aire pasa de una a otra. Resulta que las transiciones no son aleatorias: el aire suele moverse en círculo, de la primera habitación a la segunda, luego de vuelta, después a la cuarta y a la tercera. En cada habitación se queda aproximadamente una semana, pero a veces, sobre todo en la tercera, puede quedarse hasta un mes entero.
Antes era difícil distinguir cuáles de los estados recurrentes del aire eran reales y cuáles eran meras coincidencias. Ahora tenemos una manera de identificar las habitaciones reales y predecir las transiciones. Es como aprender a leer el plano del laberinto por el que camina el aire invernal.
El modo 3, que corresponde a la fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte, a veces dura hasta un mes, provocando inviernos anómalamente fríos en Europa, como en 2009–2010.