El universo se expande, y los científicos quieren saber a qué velocidad y de qué está hecho. Para ello comparan datos de explosiones estelares lejanas, ondas sonoras del universo temprano y el débil resplandor que quedó tras el Big Bang. Cada conjunto de datos es como una pieza de un mosaico, y hay que unirlas para obtener el panorama completo.
El nuevo algoritmo cuántico, llamado AEQGA, funciona como un mejorador genético en un invernadero. Toma muchas respuestas posibles, las cruza entre sí mediante operaciones cuánticas (como mezclar genes de plantas) y conserva solo las más exitosas. Así busca dos números: la constante de Hubble (la velocidad de expansión) y la proporción de materia en el universo. El algoritmo se probó con tres tipos de datos, y sus respuestas coincidieron con las de los métodos clásicos.
Por ahora es solo una prueba de concepto. Pero si las computadoras cuánticas se vuelven más potentes, algoritmos como este podrán analizar más rápido enormes volúmenes de datos de futuros telescopios. Entonces el mapa del universo será más preciso y entenderemos mejor hacia dónde se dirige.
La constante de Hubble es el número que indica a qué velocidad se separan las galaxias. Su valor actual es de unos 70 kilómetros por segundo por megapársec de distancia, pero distintos métodos dan respuestas ligeramente diferentes, y eso es uno de los misterios de la cosmología.