El trabajo se sitúa en la intersección de la termodinámica de no equilibrio, la biofísica y la biología celular. A su alrededor ya existen investigaciones sobre motores vivos, procesos térmicos en células y los límites de la vida, pero la mayoría se limita a estimaciones cualitativas o a métodos indirectos. Este artículo propone una herramienta cuantitativa para medir la potencia térmica a nanoescala, lo que cubre el hueco entre la teoría y el experimento.
El autor desarrolla un enfoque teórico basado en la regla de la suma de varianzas: midiendo las fluctuaciones de una partícula de prueba acoplada a un sistema fuera del equilibrio, es posible calcular la velocidad de producción de entropía. El método no requiere medir el calor directamente, sino que se apoya en la estadística de los movimientos aleatorios y en la ecuación de estado de un sistema estacionario fuera del equilibrio. Para los glóbulos rojos se utilizó una trampa óptica de rigidez regulable, de modo que la partícula de prueba fuera sensible a la actividad de la membrana.
La aplicación de la regla de la suma de varianzas a los glóbulos rojos dio una potencia térmica de alrededor de 2 femtovatios por célula, lo que concuerda con los datos de calorimetría para muestras grandes. La resolución espacial del método permitió construir un mapa de la liberación de calor sobre la superficie celular con una longitud de correlación de unos 600 nanómetros. La precisión de las mediciones alcanza los 0,1 attovatios, lo que supera en nueve órdenes de magnitud las posibilidades de la nanocalorimetría actual.
El trabajo se distingue de las investigaciones cercanas en que no ofrece solo una estimación cualitativa de la actividad, sino una medida cuantitativa de la potencia térmica vinculada a leyes físicas fundamentales. Esto permite comparar la energética de distintos sistemas vivos en una misma escala y abre el camino al estudio del papel de la entropía negativa en el mantenimiento de la vida.
El método puede extenderse a sistemas con grados de libertad ocultos, lo que permitiría medir la contribución de procesos moleculares individuales a la potencia térmica total. Resulta prometedor su uso en microscopía de fluorescencia con resolución temporal para cartografiar la liberación de calor dentro de células vivas. También es posible estudiar la polimerización de ácidos nucleicos como fuente de entropía negativa.
El enfoque puede influir en la biología celular, la biofísica y la termodinámica de no equilibrio, al ofrecer una herramienta universal para cuantificar la actividad vital.
Es necesario comprobar la independencia de los resultados respecto al tipo de partícula de prueba y confirmar la aplicabilidad del método a las señales de fluorescencia. También es importante desarrollar modelos para sistemas abiertos que permitan medir la entropía negativa en los procesos de polimerización.
El trabajo está directamente relacionado con el problema de cuantificar el no equilibrio en los sistemas vivos, que durante mucho tiempo quedó sin resolver por la falta de métodos experimentales. También aborda la cuestión fundamental de cómo la vida mantiene el orden a costa de la disipación de energía.
La potencia térmica de un organismo vivo, referida a su masa, es unas diez mil veces mayor que la del Sol y comparable con la potencia media de todo el universo.
La idea de medir la potencia térmica como signo universal de vida recuerda al tricorder de «Star Trek», que podía evaluar la actividad biológica a distancia.