La Luna es como una cuenta bancaria donde el ingreso y el saldo no coinciden. Cuando llega una partícula cargada desde el espacio, entrega energía al suelo, pero la carga no siempre se queda en su lugar. En los cráteres de los polos lunares, donde el Sol nunca llega, esa carga puede acumularse durante meses.
En esos cráteres hace mucho frío, y el suelo casi no conduce electricidad. Por eso la carga que traen las partículas no se disipa, sino que queda en el interior, a unos pocos milímetros o centímetros de profundidad. Antes los científicos no sabían cómo una partícula se convierte en carga acumulada. Simplemente suponían que había carga, pero no podían explicar de dónde salía.
Los científicos reunieron datos de varios experimentos y observaciones de cinco misiones para seguir el camino de la partícula a través del suelo paso a paso. Descubrieron que entre el impacto de la partícula y la acumulación de carga hay un eslabón perdido. Ahora hay que medir cuánta carga queda después de que la partícula se detiene, cuántos electrones escapan y cuántos quedan atrapados. Para ello se necesitarán cámaras especiales donde el suelo se enfríe a la temperatura de la noche lunar y se irradie con partículas.
Estas mediciones ayudarán a proteger a los astronautas y a los equipos en futuras misiones a la Luna. Si la carga en los cráteres oscuros se acumula demasiado, puede provocar chispas, atraer polvo a los trajes espaciales o dañar la electrónica. Al entender cómo se esconde la carga en el suelo, los ingenieros podrán hacer que el equipo sea seguro.
El tiempo de disipación de la carga en un cráter permanentemente sombreado puede alcanzar los 20 días, casi un día lunar. En comparación, en el ecuador al mediodía la carga desaparece en minutos.
En la novela de Arthur C. Clarke 'Polvo lunar' (1961) se describe un mar de polvo que se comporta como un líquido debido a fuerzas electrostáticas. Aunque la Luna real no está cubierta por ese mar, la idea de que la carga puede hacer fluir el polvo y acumularse en las depresiones resuena con los modelos modernos de transporte electrostático del regolito lunar.