El grupo hidroxilo participa en el daño radiactivo del ADN, en la química atmosférica e interestelar y en los procesos de combustión. Anteriormente se había observado la formación de OH⁻ en muchos alcoholes y ácidos a energías de 7–11 eV, pero la naturaleza de las resonancias seguía sin estar clara. El trabajo se sitúa junto a investigaciones sobre colisiones electrón-molécula, superconductividad y nudos cuánticos, pero se distingue por combinar directamente cálculos de alta precisión y experimentos para una reacción específica de captura disociativa.
Los autores utilizaron dos enfoques. Teóricamente, aplicaron el método CAP-EOM-EA-CCSD con la base aug-cc-pVDZ, que permite describir estados aniónicos metaestables mediante un potencial absorbente complejo. Las curvas de potencial se construyeron a lo largo de la coordenada de estiramiento del enlace C–OH desde 0,8 hasta 5,6 Å. Experimentalmente, registraron espectros de masas de iones negativos en un espectrómetro de tiempo de vuelo con una fuente de electrones termoiónicos y una dispersión energética de 0,8 eV. La calibración de masas se realizó con SO₂, y la escala de energía con O⁻ de O₂ y CO₂.
La señal experimental de OH⁻ presenta una resonancia ancha con un máximo a 8,6 eV. Los cálculos revelaron una densa variedad de estados aniónicos en esa región. Entre ellos, seis estados (20, 22, 25, 28, 32, 36) tienen anchuras menores de 0,25 eV y descienden por debajo del estado fundamental neutro al estirar el enlace hasta 4,1 Å, donde la autoionización se vuelve energéticamente prohibida. Los estados 25 y 28 tienen un carácter 2p-1h casi puro (norma R₂² = 0,9954 y 1,0000) y están localizados en el orbital antienlazante σ*(C–OH). Las probabilidades de supervivencia para estos seis estados son de 0,1–0,3, mientras que para resonancias más anchas caen por debajo de 0,01.
El trabajo proporciona por primera vez una prueba cuantitativa de que el OH⁻ de los alcoholes a 7–11 eV se forma a través de resonancias de Feshbach 2p-1h, y no mediante resonancias de forma de una partícula. A diferencia de estudios vecinos que se centran en otras moléculas o fenómenos, aquí se combinan cálculos de alta precisión y experimentos directos para el mismo proceso. Esto confirma y generaliza el concepto de disociación sitio-selectiva propuesto anteriormente para moléculas simples.
El tema podría avanzar hacia biomoléculas más complejas, donde los grupos hidroxilo juegan un papel clave en los daños por radiación. También sería posible estudiar la influencia de la solvatación y las interacciones intermoleculares en los estados resonantes. Además, resulta prometedor aplicar métodos de dinámica no adiabática para modelar en detalle la transferencia de población entre estados.
Los resultados son importantes para la biología de la radiación, la astroquímica y la física de plasmas de baja temperatura, donde la captura disociativa de electrones determina las rutas químicas.
El siguiente paso podría ser calcular las secciones eficaces de captura disociativa para otros alcoholes y compararlas con el experimento. También sería útil investigar el papel de las excitaciones vibracionales en el acceso a los estados 28, 32 y 36.
El trabajo está directamente relacionado con el problema no resuelto de la predicción cuantitativa de los rendimientos de fragmentos en la captura disociativa de moléculas poliatómicas. Muestra que tener en cuenta las transiciones no adiabáticas y las resonancias de larga vida es necesario para describir correctamente la ruptura selectiva de enlaces.
La resonancia a 8,6 eV es tan ancha que podría confundirse con un solo pico, pero en realidad es la superposición de decenas de estados aniónicos, de los cuales solo sobreviven seis.