Un electrón entra en una molécula de alcohol como un saboteador que conoce su objetivo exacto. No destruye todo lo que encuentra, sino que localiza el punto débil, el enlace entre el carbono y el grupo hidroxilo, y lo rompe, dejando tras de sí un ion hidroxilo con carga negativa.
Antes no estaba claro cómo el electrón elegía ese enlace. Se pensaba que simplemente se adhería temporalmente a la molécula, como un invitado que se queda en la puerta. Pero los cálculos mostraron que el electrón penetra en el interior y reorganiza la nube electrónica de la molécula. Así se forman estados especiales que viven un tiempo inusualmente largo. Se encontraron seis de estos estados, y cada uno actúa como una palanca que dirige la energía hacia la ruptura del enlace C–OH.
El experimento confirmó los cálculos: la producción de iones hidroxilo presenta un pico ancho con un máximo a 8,6 eV. Este pico parece único, pero en realidad es la superposición de decenas de estados, de los cuales solo sobreviven seis. Los demás expulsan rápidamente el electrón de vuelta. Ahora se entiende que el electrón saboteador actúa a través de resonancias de larga vida, lo que ayuda a evaluar la resistencia de las moléculas a la radiación y a interpretar los espectros de masas de iones negativos.
La resonancia a 8,6 eV es tan ancha que podría confundirse con un solo pico, pero en realidad es la superposición de decenas de estados aniónicos, de los cuales solo sobreviven seis.