Un receptor de radio capta ondas girando el mando de sintonía. Los científicos han construido un dispositivo parecido para atrapar el axión, una partícula que quizá forme la masa invisible del universo. Dentro de un cilindro de cobre hay varillas de óxido de aluminio. Girar un solo mando hace que todas las varillas se muevan a la vez, como un único mecanismo. La idea proviene del kirigami, el arte de recortar y plegar papel, donde un solo corte hace que toda la estructura se mueva de forma coordinada.
Un resonador convencional busca el axión en la frecuencia fundamental, pero entonces hay que reducir su tamaño y la señal se debilita. Las frecuencias superiores resuelven ese problema, aunque el campo interior empieza a anularse a sí mismo.
Las varillas dieléctricas redistribuyen el campo para que vuelva a interactuar de manera eficaz con el campo magnético. Un mecanismo auxético, en el que girar el eje desplaza las varillas estrictamente en dirección radial, conserva la forma del campo durante la sintonización.
El montaje se enfrió hasta 40 milikelvin, más frío que el espacio interestelar, y se colocó en un campo magnético de 9.8 teslas. Dos nuevos escaneos cubrieron el rango de 4.98 a 5.07 gigahercios, y junto con los anteriores se logró casi 300 megahercios de cobertura continua. La sensibilidad alcanzó 1.8 respecto a la referencia KSVZ, el modelo teórico que predice la fuerza de acoplamiento del axión con el fotón. No quedó ningún candidato, pero ahora los modos superiores son una herramienta práctica para futuras búsquedas.
Los materiales auxéticos, al estirarse, se vuelven más gruesos en lugar de más delgados, como ocurre con los normales. En el mecanismo de ajuste se aprovecha esta propiedad a la inversa: girar el eje hace que las barras se separen o se junten a la vez, cambiando la frecuencia del resonador igual que se sintoniza una radio.
En la novela «El problema de los tres cuerpos», de Liu Cixin, la materia oscura sigue siendo un enigma que la humanidad intenta resolver con aceleradores gigantescos. Los haloscopios de axiones, como el aquí descrito, ofrecen una vía más silenciosa: escuchar el cosmos en el rango de las microondas con la esperanza de captar el susurro de un campo invisible.