Quien aprende un idioma a base de conversaciones, y no de diccionario, escucha frases a medias y ruido, pero poco a poco va entendiendo qué palabras importan. Algo parecido hace una red neuronal con las ondas gravitacionales, ese temblor del espacio que producen los agujeros negros al fusionarse.
Antes, los científicos fijaban de antemano la forma de la distribución de masas, como un sastre que confecciona un traje con tres tallas. Si la forma real es otra, el modelo se equivoca. La nueva red neuronal parte de una colina lisa y la va amasando por su cuenta hasta que encaja con los datos. Y, además, tiene presente que las señales débiles no las vemos, así que introduce la corrección correspondiente.
Con datos reales, la red neuronal encontró dos picos de masa: alrededor de 10 y de 35 masas solares. Coincide con análisis anteriores, pero ahora la forma no venía impuesta. Este método también puede servir para otras tareas en las que solo vemos una parte de los objetos, por ejemplo para contar exoplanetas.
En la campaña de inyecciones para GWTC-5.0 se generaron 1.57 mil millones de señales, de las cuales solo 1.34 millones superaron el umbral de detección, lo que equivale aproximadamente a una «superviviente» por cada mil generadas.