Imagínese que escucha una radio en plena noche cerrada, con la esperanza de captar el susurro de una emisora lejana. En lugar de eso, solo llega el siseo del éter. Algo parecido hicieron los físicos al aguzar el oído en busca de una señal de fotones oscuros: 36 horas de silencio, pero ese silencio resultó más valioso que cualquier ruido.
Los fotones oscuros son partículas que, según creen los científicos, podrían componer la materia oscura. La materia oscura es esa sustancia invisible que mantiene unidas a las galaxias, pero no emite luz. Los fotones ordinarios son las partículas de la luz. Los fotones oscuros se mezclan muy débilmente con los ordinarios. Para notarlo hace falta un detector muy sensible. El prototipo DALI es una pila de 20 placas, parecida a una estantería. Funciona como dos espejos entre los que la onda va y viene y se amplifica.
Antes nadie sabía con qué fuerza podían mezclarse los fotones oscuros con la luz ordinaria en este rango. Ahora se ha establecido un límite: la mezcla debe ser más débil que 6,8×10⁻¹⁴. Es un número muy pequeño, y viene a decir que los fotones oscuros, si existen, interactúan con nuestro mundo aún más débilmente de lo que podríamos detectar. Para el futuro detector grande es una buena noticia: podrá buscar señales todavía más débiles.
Una sensibilidad de χ ≲ 6,8×10⁻¹⁴ significa que, si el fotón oscuro y el fotón ordinario se mezclaran con esa fuerza, por cada billón de fotones ordinarios habría aproximadamente un fotón oscuro. Es como buscar un grano de arena especial en una playa de cientos de kilómetros de largo.
La idea de fotones ocultos que atraviesan nuestro universo y solo de vez en cuando se manifiestan resuena con el concepto del «sector oscuro» de la ciencia ficción, por ejemplo en la novela «El bosque oscuro» de Liu Cixin, donde unas partículas invisibles desempeñan un papel clave en la trama.