Rayos X con energías de fotón relativamente bajas, típicamente por debajo de unos pocos kiloelectronvoltios.Los rayos X blandos son rayos X con energías de fotón relativamente bajas, típicamente por debajo de unos pocos kiloelectronvoltios (keV). A diferencia de sus primos más duros y energéticos, interactúan fuertemente con la materia, lo que los hace ideales para sondear la estructura de materiales y muestras biológicas a escala nanométrica. En astrofísica, los rayos X blandos son clave para estudiar el gas caliente y tenue de la corona solar, las atmósferas de las estrellas y los discos de acreción alrededor de agujeros negros, donde las temperaturas alcanzan millones de grados.
La existencia de los rayos X fue descubierta por Wilhelm Röntgen en 1895, pero la distinción entre rayos X blandos y duros surgió más tarde, cuando los científicos desarrollaron fuentes y detectores capaces de explorar diferentes rangos de energía. El término 'rayo X blando' se hizo común a mediados del siglo XX con la llegada de las fuentes de radiación de sincrotrón.
Los rayos X blandos se producen cuando electrones de alta energía son desacelerados o transitan entre niveles de energía atómicos. Su baja energía implica que son fácilmente absorbidos por el aire, por lo que los experimentos deben realizarse en vacío. Detectores como CCDs o placas de microcanales capturan los fotones y los convierten en señales eléctricas, revelando la distribución espacial y espectral de la fuente.
Los rayos X blandos se utilizan en microscopía de rayos X para obtener imágenes de células biológicas sin teñirlas, en astronomía de rayos X para estudiar la corona solar y otras fuentes cósmicas, y en litografía para fabricar componentes electrónicos a escala nanométrica.
La corona solar emite la mayor parte de su luz en rayos X blandos, por lo que puede observarse desde el espacio pero no desde la superficie terrestre.







