El océano Pacífico frente a las costas de Perú se calienta y el mapa meteorológico habitual del planeta se desajusta: en algunos lugares hay sequía, en otros inundaciones. Esto es El Niño, y le cuesta a la economía mundial billones de dólares. Los científicos saben predecirlo desde hace tiempo, pero ahora, por primera vez, están probando si se puede debilitar mientras se desarrolla. La idea recuerda a una compresa fría en la frente de un enfermo: no se trata de curar todo el planeta, sino de aplicar frescor en el punto más caliente.
La compresa es la iluminación de nubes marinas. Sobre el sudeste del Pacífico se rocían diminutas gotas de sal marina para que las nubes sean más densas y reflejen más luz solar de vuelta al espacio. En el modelo, esta técnica redujo la temperatura de la superficie en la zona de intervención en 1,18 °C, y en la región clave para El Niño, Niño3.4, en 1,48 °C. Esto fue suficiente para volver casi a condiciones neutrales en el pico del fenómeno. Pero no sirvió cualquier enfriamiento, sino solo el que comenzó temprano y se prolongó hasta el final: si el rociado se activa solo en diciembre, el efecto cae a 0,31 °C.
La verificación de realismo vino de un experimento natural. A finales de 2019 y principios de 2020, el humo de los incendios australianos liberó a la atmósfera una enorme cantidad de partículas que reflejaron la luz solar de la misma manera sobre el sudeste del Pacífico. El modelo reprodujo un enfriamiento similar al que se observó entonces. Esto significa que el mecanismo no es inventado, sino que ya ha funcionado en la realidad.
El trabajo cambia la perspectiva sobre la geoingeniería solar. Antes se discutía como una forma de frenar el calentamiento global durante décadas. Ahora resulta que la misma herramienta puede dirigirse a un fenómeno estacional y, posiblemente, mitigar los daños de un El Niño concreto. Eso sí, la práctica aún está lejos: hay que comprobar el resultado con otros modelos, evaluar el impacto en los episodios posteriores de La Niña y entender si estas intervenciones podrían tener efectos no deseados en regiones que no han recibido la compresa. Pero el primer paso está dado: parece que la fiebre del océano se puede bajar de forma selectiva.
Para alcanzar la concentración de gotas necesaria se requerirían unos 2000 buques mercantes rociando sal marina, lo que supone aproximadamente el 2% de la flota mercante mundial.
La idea de gestionar el clima de forma selectiva recuerda a la novela de Kim Stanley Robinson 'El Ministerio del Futuro', donde se usa la geoingeniería para mitigar catástrofes climáticas, aunque allí el énfasis está en enfriar el planeta, no en debilitar un El Niño concreto.