Cien redes neuronales observan la temperatura del océano e intentan adivinar si El Niño llegará dentro de dos años. Cada red da su propia respuesta, y si las respuestas difieren mucho, significa que el pronóstico no es confiable. Así funciona un conjunto (ensemble): un grupo de redes neuronales que aprenden de manera independiente. En un nuevo estudio, los científicos demostraron que el desacuerdo del conjunto es la señal más honesta de que el clima ha cambiado y de que la red ha salido de los límites de su conocimiento.
Antes se pensaba que lo principal era la medida de aleatoriedad del propio sistema, ya que el océano es caótico. Pero cuando el clima empezó a cambiar, se descubrió que esa medida puede engañar: la red se vuelve demasiado confiada en situaciones desconocidas. En cambio, el desacuerdo entre las cien redes aumenta y advierte del error. Es como si cien meteorólogos discutieran sobre el tiempo de mañana: si están de acuerdo, se puede creer en el pronóstico; si no, mejor llevar paraguas tanto para el sol como para la lluvia.
Este enfoque ya se puede usar en los centros de pronóstico de El Niño: vigilar el desacuerdo del conjunto y avisar con antelación cuando el pronóstico no sea confiable. Esto es especialmente importante ahora que el clima está cambiando y las viejas pautas dejan de funcionar.
El conjunto de 100 redes neuronales en este estudio es diez veces más grande que los conjuntos típicos para el pronóstico de ENSO, y ese tamaño fue lo que permitió separar de manera confiable los dos tipos de incertidumbre. Es interesante que para pronósticos cortos (hasta 6 meses) la incertidumbre aleatoria sí aumenta ligeramente con el desplazamiento, pero esa señal es más débil que la de la incertidumbre epistémica.