En el cristal de silicio del que se fabrican los microchips, a veces se encuentra un átomo extraño, por ejemplo, magnesio. Se comporta como un pequeño imán con varias 'posiciones de la aguja'. Si se ilumina el cristal con un destello breve, el átomo se excita por un instante y luego regresa a su estado original. Pero no lo hace de inmediato, sino con un retraso.
Los científicos midieron cómo cambia la transparencia del cristal después del destello de luz. Descubrieron que uno de los estados excitados del magnesio vive alrededor de 20 milisegundos. Para un átomo, esto es un período enorme, como si una pelota lanzada al aire se quedara suspendida durante varios minutos. La razón es que el átomo necesita 'superar' una pequeña barrera de energía para volver a su estado fundamental. Esta barrera es de aproximadamente 13 milielectronvoltios, una energía diminuta, pero suficiente para retrasar la transición.
Esta larga 'pausa' es útil para las tecnologías cuánticas. Si un átomo puede almacenar su estado durante mucho tiempo, se puede utilizar como celda de memoria en una computadora cuántica. El silicio es el material principal de la electrónica moderna, e incorporar impurezas de larga vida como esta es un paso hacia la creación de dispositivos que funcionan según las leyes de la mecánica cuántica.
La energía de 13 milielectronvoltios es aproximadamente cien veces menor que la energía que porta un fotón de luz visible. Pero es precisamente esta diminuta diferencia la que hace que el átomo espere 20 milisegundos antes de regresar a su estado fundamental.
En la serie 'Westworld', los estados cuánticos se utilizaban para almacenar la conciencia. Los estados de larga vida de las impurezas en el silicio son un paso real hacia tales tecnologías.