Un motor diminuto se dobla con la electricidad y tensa un resorte invisible. Estos motores, los actuadores piezoeléctricos, sirven para estirar o comprimir puntos cuánticos, haciendo que emitan pares de fotones entrelazados. Antes se fabricaban con métodos complejos, pero ahora todo se puede cortar con un solo láser.
El láser dispara pulsos ultracortos: en femtosegundos, billonésimas de segundo. Evapora el material sin calentar las zonas adyacentes. Primero se adelgaza el sustrato, luego se cortan las pistas metálicas y, finalmente, el propio actuador. La principal innovación es el adelgazamiento local: el material se vuelve más delgado solo en los lugares necesarios. Esto permite fabricar dispositivos más pequeños y trabajar con un voltaje menor.
Antes se cortaba con un láser de una sola longitud de onda; ahora se usa ultravioleta, la tercera armónica. Los bordes quedan más uniformes y la forma más precisa. Es como cortar papel no con tijeras, sino con un cuchillo afilado: menos rebabas y mejor ajuste. Como resultado, la deformación del actuador se transmite al punto cuántico de manera más eficiente, y el propio actuador se mantiene de forma más fiable.
Este enfoque abre el camino a chips donde conviven varias fuentes de luz cuántica en un mismo cristal. Cada una se puede ajustar por separado, estirando o comprimiendo su punto cuántico. Es un paso hacia los ordenadores cuánticos y las comunicaciones seguras.
Un femtosegundo es a un segundo lo que un segundo es a 31,7 millones de años.