Una mota de polvo de diamante, más pequeña que la centésima parte de un milímetro, brilla en rojo. En su interior hay un defecto del cristal: dos átomos de carbono vecinos, donde falta uno y junto a él se encuentra un átomo de nitrógeno. Ese par atrapa la luz y la devuelve, como un faro diminuto que no se apaga a temperatura ambiente.
Esta mota se acercó a una pista en la superficie del chip. La pista está diseñada para que la luz la recorra solo en una dirección, como una calle de sentido único. La luz del faro de diamante incidía en la pista y la iluminaba. Al cambiar el punto de contacto, los científicos observaban hacia dónde corría la luz y cuánto se dispersaba.
Esta técnica permite asomarse a campos de luz invisibles al ojo, con una precisión del tamaño de la propia mota. Es un paso hacia chips donde las fuentes de luz individuales y sus pistas están reunidas, como casas y calles en un mismo barrio.
El defecto de nitrógeno-vacante en el diamante es tan estable que se usa como un termómetro diminuto: por el cambio en su brillo se puede medir la temperatura dentro de una célula viva.