Un cocinero prueba la sopa para saber cuánta sal hay en la olla. Los físicos hicieron algo parecido con los cristales: les dispararon rayos X y, según cómo se dispersaban, calcularon cuán "extendidos" están los electrones en los enlaces químicos.
En el diamante, los átomos de carbono se mantienen unidos gracias a electrones compartidos, como dos personas que comparten una misma manta. En el fluoruro de litio, el enlace es diferente: un átomo cede un electrón al otro, y se atraen como cargas opuestas. Resulta que en el diamante la manta electrónica es más ancha y más fina que en el fluoruro de litio. Esto significa que en el enlace covalente los electrones están más deslocalizados: están "extendidos" sobre un volumen mayor.
Las mediciones arrojaron números concretos: el peso cuántico del diamante resultó mayor que el del fluoruro de litio. El peso cuántico indica cuánto se "extiende" la información cuántica a lo largo del enlace. Más peso significa más deslocalización, más "área" total de la manta electrónica.
Este método es como una máquina de rayos X para el mundo invisible de los electrones. Ahora se pueden comparar diferentes materiales y entender mejor por qué algunos enlaces son más fuertes y otros conducen la electricidad. Y esto es solo el comienzo: el mismo enfoque se puede aplicar a los superconductores y a otros materiales inusuales.
El diamante es uno de los materiales más duros, pero sus electrones están más "extendidos" que en el frágil fluoruro de litio. La dureza y la deslocalización van de la mano.