En la isla de Java, cada orquesta de gamelán afina sus placas de bronce de manera propia, por lo que dos conjuntos vecinos pueden sonar ligeramente distinto. Los científicos aprovecharon esta peculiaridad para convertir datos climáticos en música y comprobar si la naturaleza caótica del fenómeno de El Niño se conserva en el sonido.
El Niño es una oscilación de la temperatura de la superficie del Pacífico que se repite de forma irregular, aproximadamente cada dos a siete años. Por lo general, estas oscilaciones se muestran con gráficos, pero un gráfico solo se ve con los ojos. El oído capta mejor las repeticiones y el ritmo, así que los datos se tradujeron a notas. Se tomaron dos escalas javanesas: pelog, con intervalos desiguales entre notas, y slendro, con intervalos más uniformes. Cada nota recibió un volumen según cuánto se desviaba la temperatura de lo normal y con qué rapidez cambiaba.
Después, el sonido se dividió en fotogramas y se midieron dos cosas: el brillo (cuán agudo o grave es el sonido) y la energía (cuán fuerte es). Luego se trazaron trayectorias en el espacio de estas dos características y se observó con qué frecuencia la trayectoria regresa a lugares ya visitados. Resultó que al alternar las capas, la trayectoria suele recorrer senderos conocidos, mientras que al sonar todas las capas a la vez se dispersa por una gran área. Las escalas también influyen: en pelog las notas agudas son más suaves, mientras que en slendro esa relación casi no existe.
Antes no estaba claro si la representación sonora de los datos conserva su dinámica. Ahora existe una forma sencilla de medirlo: calcular la recurrencia, el área y la longitud del recorrido. Este método puede ser útil, por ejemplo, en la comunicación climática, cuando se necesita transmitir cambios alarmantes a personas que no están acostumbradas a leer gráficos.
El gamelán no se afina según un estándar único: cada orquesta tiene su propio sistema microtonal, llamado "embet", que hace que su sonido sea único. En el estudio se usó una aproximación de temperamento igual, por lo que un gamelán javanés real sonaría distinto.