En un hormiguero, unas hormigas cargan comida y construyen, mientras otras solo comen y se reproducen. No es simple pereza: son dos tipos distintos de hormigas. Las obreras son más pequeñas, y las aprovechadas, más grandes. Si las aprovechadas se vuelven demasiado numerosas, la colonia se desmorona, como una cocina común donde nadie lava los platos.
Los científicos construyeron un modelo matemático de cómo las hormigas pasan de un nido a otro. Resultó que la hostilidad hacia los extraños es la clave para la salvación. Las hormigas reciben con más agresividad a los intrusos de nidos vecinos que a los de nidos lejanos. Gracias a esto, las aprovechadas no pueden conquistar nuevos nidos, y las obreras mantienen la mayoría.
El modelo se probó con datos de las hormigas Pristomyrmex punctatus, una especie sin reina, donde las obreras ponen huevos ellas mismas. La hostilidad hacia los vecinos resultó no ser agresión casual, sino una estrategia ventajosa de supervivencia.
Las hormigas Pristomyrmex punctatus no tienen reina: las obreras ponen huevos ellas mismas, pero en la colonia hay individuos aprovechados que no trabajan y solo se reproducen.