Las ondas magnéticas en un gas ultrafrío se comportan como cuerdas elásticas. Dos o tres de estas cuerdas pueden trenzarse formando un nudo que respira: se contrae y se expande, pero no se deshace. Los científicos han logrado por primera vez crear estos nudos en el laboratorio y han comprobado que su respiración coincide exactamente con los cálculos.
El gas estaba formado por átomos de dos especies que no se mezclan, como el aceite y el agua. Las propiedades magnéticas de este gas se describen mediante una ecuación similar a la de las ondas en una cuerda. Esta ecuación tiene soluciones especiales: los solitones, ondas individuales que no se dispersan. A partir de ellos se pueden construir estados compuestos, semejantes a un haz de varias cuerdas.
Una débil perturbación puntual sobre uno de estos nudos destruye su integridad. El nudo se descompone en cuerdas individuales: los solitones fundamentales. Esta descomposición es como la operación matemática inversa: a partir de una onda compleja, recuperar sus componentes simples. El experimento ha demostrado que los solitones magnéticos compuestos son reales, y que se pueden crear y desmontar pieza a pieza.
Los solitones fueron observados por primera vez en 1834 por el ingeniero John Scott Russell: vio una ola en un canal que recorrió varios kilómetros sin cambiar de forma.