Un hilo común, cosido en la tela, sabe escuchar al cuerpo. Siente cómo se eleva el pecho al inspirar, cómo se dobla un dedo, cómo late el pulso en la muñeca. Todo esto, sin parches rígidos ni cables, simplemente como parte de la ropa.
El sensor está hecho de un hilo flexible que cambia su resistencia al estirarse o al presionarse. Se tejió en la tela con un patrón triangular, parecido a una malla tupida. Este patrón capta incluso los movimientos más sutiles y, además, ahorra material: se necesita muy poco hilo.
Este hilo podría ser la base de la ropa inteligente: una camiseta que controle la respiración durante una carrera, o un guante que siga los movimientos de los dedos en la rehabilitación tras una lesión. Todo sin dispositivos incómodos, solo tela que siente.
El hilo sensor flexible se teje en la ropa con un patrón triangular, como una red de pescar, pero para señales del cuerpo. Cuanto más densos son los triángulos, con mayor precisión capta los movimientos.