En una casa donde viven cientos de células distintas, la vejez no llega a todas al mismo tiempo. Unas habitaciones se deterioran rápido y otras aguantan hasta el final. La rapamicina funciona como un electricista que recorre la casa pulsando interruptores, pero solo responden los circuitos donde ya arde un incendio general de envejecimiento.
Las células de los tejidos reproductivos fueron las que más cambiaron: 7 de los 15 tipos más sensibles. También respondieron con fuerza el cuerpo graso, las células del intestino, los enocitos y los músculos que mantienen a la mosca en vuelo. Las neuronas y sus células auxiliares, la glía, apenas notaron el fármaco. Es como si el electricista no pudiera llegar al ático: la molécula de rapamicina es demasiado grande para entrar en el cerebro.
En las hembras el incendio era más intenso y la rapamicina lo sofocaba con más energía: en los tejidos nervioso y muscular los relojes celulares retrocedían, el número de núcleos musculares se mantenía y la capacidad de trepar mejoraba. En los machos, a los 30 días de edad muchas células respondían de forma neutra o incluso perjudicial, y la protección aparecía más tarde. Así pues, el fármaco no ataca células aisladas, sino un estado general que se enciende en distintos puntos de la casa.
Antes no estaba claro qué células concretas eran responsables de la prolongación de la vida ni por qué el efecto es más fuerte en las hembras. Ahora se ve que la rapamicina apaga el CAT y que en las hembras se acumula más de ese estado. Un atlas así será útil para buscar dianas celulares de fármacos contra el envejecimiento y para diseñar pautas de tratamiento que tengan en cuenta el sexo. El electricista no arregla cada bombilla por separado: desconecta el interruptor general del que se alimenta el incendio.
La rapamicina se descubrió en una muestra de suelo de la isla de Pascua y recibió su nombre del topónimo local: Rapa Nui. Su molécula pesa 914,2 dalton, bastante para un fármaco, y eso quizá le impide penetrar en el cerebro.
La idea de un estado común de envejecimiento que puede suprimirse con un fármaco resuena con la novela de Aldous Huxley «Un mundo feliz», donde la gente toma soma para mantener la juventud y la estabilidad, aunque en la realidad la rapamicina no actúa de forma tan total.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.