Imagina una casa donde las células viven en distintas habitaciones. Con la edad, en algunas habitaciones empieza un incendio: las células envejecen. La rapamicina funciona como un bombero que entra en la casa y apaga el fuego, pero solo donde ya se ha extendido.
En las moscas hembra había más células de esas «en llamas», así que la rapamicina las ayudaba más: los músculos funcionaban mejor y las moscas trepaban más rápido. En los machos, la protección aparecía más tarde y era más débil. Y al cerebro el fármaco casi no llegaba, por lo que las neuronas casi no cambiaban.
Antes no estaba claro por qué la rapamicina prolonga la vida, pero no por igual en todos. Ahora se sabe: apaga el incendio general del envejecimiento, que es más intenso en las hembras. Este conocimiento ayudará a crear fármacos que ataquen con precisión las células envejecidas y a ajustar la dosis según el sexo.
La rapamicina se descubrió en una muestra de suelo de la isla de Pascua y recibió su nombre del topónimo local: Rapa Nui. Su molécula pesa 914,2 dalton, bastante para un fármaco, y eso quizá le impide penetrar en el cerebro.
La idea de un estado común de envejecimiento que puede suprimirse con un fármaco resuena con la novela de Aldous Huxley «Un mundo feliz», donde la gente toma soma para mantener la juventud y la estabilidad, aunque en la realidad la rapamicina no actúa de forma tan total.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.