En la célula, como en una casa grande, hay un barrendero propio. Se encarga de que en el interior no se acumule basura venenosa. En la progeria, una enfermedad que hace que los niños envejezcan cinco veces más rápido de lo normal, en el núcleo celular se acumula la proteína tóxica progerina. Se agarra al revestimiento interno del núcleo como resina pegada a la pared y, poco a poco, deforma toda la habitación.
Después se descubrió que la progerina no se destruye a través del proteasoma (la trituradora de proteínas), sino mediante la autofagia dependiente de ubiquitina (el sistema de reciclaje de residuos). El barrendero no se limita a barrer: clasifica la basura y la manda a reciclar, en lugar de echarla al montón común. Tras el tratamiento, la proporción de células con núcleos deformados bajó del 87,5% al 62,5%. Las células empezaron a verse más sanas y su multiplicación se ralentizó, como corresponde a células que ya no se debaten en un intento de sobrevivir con una carga venenosa.
Este hallazgo cambia la visión del tratamiento de la progeria. En vez de editar genes o bloquear enzimas con efectos secundarios graves, basta con reforzar el trabajo del barrendero celular. Él mismo encontrará la proteína tóxica, la marcará y la enviará a reciclar.
La progerina se forma por una mutación que activa un sitio de empalme oculto en el gen LMNA. Como resultado, la proteína pierde 50 aminoácidos, incluido el sitio de corte de la enzima ZMPSTE24, y queda unida de forma permanente a la membrana nuclear.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.