Un golpe en la cabeza es malo. ¿Y una serie de golpes? Aquí la cosa se complica, y los modelos computacionales habituales del cerebro no lo tienen en cuenta: tratan cada golpe como si fuera el primero. Pero el cerebro no es una bola de hierro; recuerda las cargas anteriores.
El tejido cerebral se parece a una goma elástica que se ha estirado muchas veces. Con cada estiramiento se vuelve un poco más blanda y se estira con más facilidad. Los científicos añadieron este efecto de ablandamiento a un modelo computacional de la cabeza para ver qué ocurre con una serie de golpes, como en las artes marciales mixtas. Tomaron datos de golpes reales y los procesaron con el modelo.
El resultado sorprendió: con cinco golpes iguales consecutivos, la deformación del cerebro aumentaba de un golpe al siguiente. El modelo sin ablandamiento predecía un riesgo de lesión menor, mientras que el modelo con ablandamiento predecía un riesgo mayor. El efecto se manifestaba con especial fuerza en veinte golpes aleatorios en direcciones distintas: al final de la serie, el cerebro se deformaba más que al principio, aunque la fuerza de los golpes no cambiara.
Esto significa que los modelos antiguos podrían haber subestimado el riesgo de lesiones repetidas. Para deportistas, militares o personas que reciben golpes en la cabeza con frecuencia, es una señal importante: el cerebro se fatiga, y cada golpe siguiente puede ser más peligroso que el anterior, aunque parezca igual.
El efecto de ablandamiento de un material tras ser estirado repetidamente se describió por primera vez en la goma en la década de 1960. Se llamó efecto Mullins, y ahora ayuda a modelar el cerebro.
En la película 'Sin límites', el protagonista toma una pastilla que mejora el funcionamiento del cerebro, pero en la realidad las cargas repetidas sobre el cerebro funcionan al revés: lo empeoran.