El gusano Caenorhabditis elegans tiene una proteína llamada NHR-49. Antes se pensaba que solo vigilaba las grasas del cuerpo. Ahora resulta que también dirige el olfato, como un director de orquesta que de pronto empieza a mandar no solo en el almacén, sino también en la música.
Los científicos desactivaron esa proteína en los gusanos y pusieron en una placa de Petri el olor del diacetilo, que es a lo que huele la comida para el gusano. Los gusanos normales se arrastraban hacia el olor, y los mutantes no. Eso sí, ante otros olores apetitosos reaccionaban con normalidad. Es decir, la proteína hace falta solo para una «antena»: la célula nerviosa AWA, que capta el diacetilo.
La proteína actúa en las células nerviosas o en los músculos. Si se la activa ahí, el comportamiento vuelve. Además, los mutantes tienen menos proteína luminosa odr-10 en las neuronas AWA, y esa es precisamente la «antena» que capta el olor del diacetilo. Al parecer, NHR-49 ayuda a que esa antena funcione.
La misma proteína hace falta para acostumbrarse. A los gusanos se les dio un toquecito 30 veces seguidas, con un intervalo de 10 segundos. Los gusanos sanos retrocedían cada vez menos, mientras que los mutantes no se acostumbraban nunca. O sea, NHR-49 ayuda al sistema nervioso del gusano a recordar que un toquecito repetido es inofensivo.
Este hallazgo cambia la idea de cómo las proteínas del metabolismo pueden influir en el cerebro. Antes se pensaba que NHR-49 actuaba solo a través de las grasas, como un director de orquesta que cambia la iluminación de la sala. Ahora se ve que puede acercarse a un músico concreto y afinarle el instrumento directamente.
A pesar de su diminuto sistema nervioso de 302 neuronas, C. elegans distingue los olores con neuronas sensoriales especializadas: la AWA se encarga de los aromas atractivos, la AWC de otros atrayentes y la ASH del rechazo. NHR-49 resultó ser el «director de orquesta» solo de las reacciones dependientes de AWA.
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