Los ovarios envejecen más rápido que la mayoría de los órganos, y la edad cronológica solo describe ese proceso a grandes rasgos. Los científicos encontraron una forma de mirar hacia dentro: en el líquido que rodea al óvulo se puede leer tanto la historia química del organismo como la edad biológica del ovario.
En el estudio participaron 76 mujeres que recibieron estimulación ovárica para una FIV. A partir del líquido folicular se aislaron células y se midieron las marcas de su ADN, algo así como la arena dentro de un mecanismo de relojería. Cuantos más contaminantes químicos se habían acumulado en el líquido, más rápido avanzan los relojes epigenéticos y menos óvulos se consiguen obtener.
Entre los químicos destacó sobre todo el benzo[a]pireno, que se forma al freír alimentos, al fumar y en los gases de escape. Este aceleraba el envejecimiento de las células del ovario. La arena del mecanismo no solo frena la marcha: también daña los propios engranajes, es decir, los genes que controlan el crecimiento de los folículos. Este hallazgo ayudará a los médicos a advertir sobre los riesgos para la fertilidad incluso antes de que el reloj empiece a atrasarse.
El líquido folicular, que normalmente se desecha tras extraer los ovocitos, resultó ser un archivo valioso: en él se pueden leer a la vez la historia química del organismo y la edad epigenética del ovario. El benzo[a]pireno hallado en ese líquido se forma en la combustión incompleta de materia orgánica y llega al organismo con los alimentos fritos, el humo del tabaco y los gases de escape.
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