El plato de cada mujer se arma con productos locales, no con reglas generales. Durante tres años y medio, los científicos preguntaron a mujeres de Gambia, Kenia y Mozambique qué habían comido el día anterior y clasificaron los alimentos en diez estantes: cereales, legumbres, verduras, frutas, carne, pescado, lácteos, huevos, frutos secos y aceites. Se considera normal que una mujer haya probado al menos cinco estantes en un día. Pero solo una de cada dos come así.
Lo más llamativo es que en el país más pobre, Gambia, comen de forma variada 65 mujeres de cada 100, mientras que en Kenia y Mozambique, con más recursos, solo lo hacen 45 y 39. Está claro que el dinero y la educación no son lo principal. En Gambia, los platos tradicionales de mijo, cacahuete y verduras de hoja ya aportan por sí solos muchos productos distintos, incluso cuando hay poco dinero.
Este trabajo comparó por primera vez a mujeres de tres partes distintas de África con el mismo cuestionario. Antes se pensaba que la variedad de la comida dependía sobre todo de los ingresos y la educación. Ahora queda claro que las costumbres culinarias locales importan igual o, a veces, más. Por eso los programas de ayuda deberían aprender de las cocinas locales en lugar de imponer a todas la misma receta. Así cada mujer tendrá la oportunidad de armar su propio plato completo.
En Gambia, el 63% de las mujeres no tenía educación escolar formal y la probabilidad de pobreza era la más alta de los tres países, pero fue precisamente allí donde la proporción de mujeres con diversidad suficiente en la dieta resultó mayor: 65,1%.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.