Una misma fotografía impresa en papel mate y en papel brillante no se ve igual: en algunos puntos los detalles son más nítidos y en otros más suaves. Con los mapas cerebrales ocurre lo mismo: la forma de suavizar, es decir, de difuminar el ruido, determina lo que el investigador acabará viendo.
La resonancia magnética mide las propiedades de los tejidos cerebrales con números: cuánta mielina, hierro o agua hay en cada cubo de la imagen (vóxel). Pero dentro de un mismo cubo puede haber una mezcla de sustancia gris, sustancia blanca y líquido, y además los números llevan ruido añadido. Para que el ruido no estorbe, el mapa se suaviza: se toma cada cubo y se promedia su valor con el de los vecinos. La cuestión es qué vecinos elegir.
Los investigadores tomaron datos de 138 personas sanas de entre 19 y 75 años y construyeron mapas de cuatro parámetros. Cada mapa se suavizó de tres maneras y se comprobó en qué zonas los valores cambiaban con la edad. Resultó que los dos primeros métodos dan un resultado casi idéntico, mientras que SUSAN encuentra menos cambios significativos, pero a cambio los detecta mejor en los límites entre tejidos. Antes no estaba claro hasta qué punto importaba la elección del suavizado, y ahora sí lo está: puede ocultar o, por el contrario, sacar a la luz cambios sutiles ligados a la edad. Por eso, si el investigador busca cambios justo en la frontera entre la sustancia gris y la blanca, conviene elegir SUSAN; y si lo que importa es la imagen general en el interior de los tejidos, uno de los dos primeros métodos.
En los mapas de MTsat de la sustancia blanca, el suavizado ponderado por tejido encontró hasta 93 060 vóxeles significativos, mientras que SUSAN solo 63 340, aunque ambos métodos se consideran «específicos por tejido».
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.