La corteza helada de Tritón es como una puerta cerrada tras la cual chapotea agua. No podemos abrirla, pero podemos pegar el oído y escuchar: cómo responde el campo magnético de Neptuno en el interior de la luna, cómo tiembla el hielo por impactos lejanos. Los científicos construyeron un modelo de Tritón: arriba, una corteza de hielo; debajo, un océano de agua salada; y en el centro, un núcleo rocoso. Luego calcularon cómo responde esta estructura al campo magnético del planeta.
Resulta que la respuesta magnética casi no depende del grosor del océano, pero sí mucho de su conductividad, es decir, de cuánta sal hay disuelta en el agua. Pero hay una interferencia: las corrientes en el plasma circundante generan campos magnéticos comparables a la señal útil. Es como escuchar una conversación tranquila al otro lado de la pared mientras un ventilador hace ruido cerca. Para eliminar el ruido, los científicos añadieron la sismología: el temblor del hielo por impactos reveló dónde están los límites entre hielo, océano y roca. Juntos, estos dos métodos ofrecen una imagen clara: el océano existe, y conocemos su grosor y salinidad. Este método ya ayuda a planificar futuras misiones a las lunas heladas.
Tritón orbita a Neptuno en dirección retrógrada, y debido a ello el período sinódico (el tiempo entre dos 'encuentros' con el mismo punto de la magnetosfera) es de solo 14,45 horas, casi como un día terrestre. Es precisamente este rápido cambio del campo magnético lo que 'sacude' la respuesta de inducción del océano.
En la novela de Stanisław Lem 'Fiasco', los héroes intentan establecer contacto con una civilización en el planeta Quinta, oculta bajo las nubes. Tritón, con su océano oculto bajo la corteza helada, recuerda a un sistema tan cerrado: no podemos ver el agua directamente, pero podemos 'oírla' a través de señales magnéticas y sísmicas.