Un vórtice magnético se parece a una peonza diminuta: gira y no se cae mientras su propio campo lo sostiene. Pero si pones la peonza en la cabeza de un alfiler, se vuelca. Igual que el vórtice: en un disco muy pequeño no tiene espacio suficiente y se deshace. Los científicos han encontrado la manera de mantener un vórtice en un disco de radio inferior a cinco nanómetros, es decir, más pequeño que un ribosoma.
Antes se pensaba que sin un disco grande no se podía sostener el vórtice. Ahora han demostrado que el nuevo resorte funciona. El vórtice se comporta como un péndulo con un resorte peculiar: cuanto más lo balanceas, mayor es la frecuencia. Si lo empujas con un campo alterno, a 15,5 GHz la amplitud salta, como una puerta chirriante que hay que empujar más fuerte para moverla. Esto podría servir para generadores y memorias muy pequeños, y en el futuro, quizás, para computadoras cuánticas.
El radio del vórtice, 4,8 nm, es comparable al diámetro de la doble hélice del ADN (2 nm). El vórtice es más pequeño que un ribosoma y 200 000 veces más delgado que un cabello humano.
En la novela de Greg Egan «La escalera de Schild», los estados cuánticos se utilizan como elementos de cómputo. Un nanovórtice con helicidad túnel podría ser una realización física de un cúbit similar.