Una regla para medir lo invisible debe calibrarse con algo conocido. En física, esa calibración la ha proporcionado la desintegración del tecnecio-99, un isótopo artificial que vive 211 mil años. Su desintegración se llama "prohibida" porque a la partícula le cuesta escapar del núcleo: debe superar una barrera angular compleja. Esa misma dificultad hace que el proceso sea sensible a los detalles de la teoría, como una cuerda fina que responde al más leve toque.
El detector capturaba esos electrones, mientras que un cristal vecino de lutecio producía destellos de luz con energías estrictamente definidas. Al comparar las señales, los científicos calibraron el instrumento durante el funcionamiento, como un afinador que verifica el piano con un diapasón. En seis días se acumularon 180 mil eventos. La comparación con la teoría mostró que las partículas dentro del núcleo se comportan con más debilidad de lo que predicen los modelos. Los factores de supresión resultaron ser 0,40 y 0,47, notablemente por debajo de los valores teóricos.
Este resultado es importante para la búsqueda de la doble desintegración beta sin neutrinos, un evento tan raro que aún no se ha observado jamás. Si los modelos sobrestiman la fuerza de la interacción en el núcleo, los planes de futuros experimentos deberán ajustarse. La regla calibrada con tecnecio ayuda a no equivocarse en las mediciones de lo invisible.
El tecnecio-99 es un isótopo artificial con un período de semidesintegración de 211 mil años. Se produce en cantidades significativas como producto de la fisión del uranio en reactores nucleares y es uno de los radionucleidos de larga vida más importantes en el combustible nuclear gastado. Su desintegración beta produce rutenio-99, que es estable.