Imaginen a un intérprete al que cada ruido de la sala lo distrae y le hace confundir las palabras. Los relojes urinarios del envejecimiento funcionaron así durante mucho tiempo: los riñones filtran la orina y ese «ruido» impedía oír la señal de la edad.
Los científicos recogieron orina de personas sanas y entrenaron un modelo para predecir la edad a partir de los fragmentos de proteínas. Después midieron cómo depende el error del funcionamiento de los riñones: cuánta sangre depuran los riñones por minuto y cuánta proteína albúmina llega a la orina. El resultado fue una corrección que apaga el ruido de los riñones cuando estos funcionan mal.
Tras la corrección, el reloj predijo la edad con un error de 4.9 años. El envejecimiento acelerado elevaba el riesgo de muerte un 48% y predecía infarto, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal. Ahora el intérprete oye las palabras con claridad, y podemos saber a qué velocidad envejece el cuerpo con un simple análisis de orina.
El péptido individual más potente del reloj procede de la proteína PECAM-1, que se encuentra en la superficie de las células de los vasos. Su contribución a la estimación de la edad es de 0.634 años por una desviación estándar.
La idea de un «reloj urinario» resuena con la novela de Philip K. Dick «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?», donde la edad y la salud se determinaban por marcadores biológicos. Aquí la orina se convierte en una ventana similar a la edad biológica, pero sin concesiones fantásticas.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.