La fuerza del apretón de manos puede contar mucho sobre la vida de una persona. Unos científicos midieron la fuerza de prensión de la mano en decenas de miles de personas mayores de cincuenta años en tres lugares distintos: Estados Unidos, China y Europa. Querían entender por qué algunas personas tienen las manos más fuertes que otras y qué papel juega en ello la educación.
Resultó que la educación funciona como una palanca. Si alguien estudió más tiempo, su mano suele ser más fuerte. Pero la longitud de esa palanca depende del país. En Europa es la más larga: la diferencia de fuerza entre las personas con educación alta y baja llega a 3,48 kg en los hombres, el peso de un gato pequeño. En China la palanca es más corta: en los hombres la ventaja es de solo 1,84 kg, y en las mujeres, de 0,79 kg, menos que una barra de mantequilla. Aun así, el abismo entre los chinos más educados y los menos educados resultó ser el más profundo. Es decir, en China la educación aporta menos fuerza a cada persona, pero la brecha entre los grupos es enorme, sobre todo en el caso de las mujeres.
Por lo tanto, no basta con darle educación a una persona. Hace falta que la palanca funcione igual para todos, sin importar el sexo ni la historia del país. De lo contrario, unos estrecharán la mano con firmeza y otros apenas cerrarán los dedos, aunque hayan estudiado la misma cantidad de años.
La diferencia en la fuerza de agarre entre los hombres europeos y estadounidenses con educación alta alcanza los 3,48 kg, comparable al peso de un gato pequeño.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.