Una orquesta sin director: cada músico se afina con el vecino y así nace una melodía bien compenetrada. En el mundo de los imanes microscópicos, el papel de esa orquesta lo desempeña una diminuta esfera de neodimio que flota sobre una película superconductora. Sus oscilaciones, si se excitan como es debido, se combinan en un espectro ordenado de decenas de frecuencias equidistantes, como los dientes de un peine.
Hasta hace poco, estos imanes levitantes se estudiaban solo en los regímenes más simples: sus oscilaciones o bien se amortiguaban, o bien se amplificaban en una única frecuencia. Pero la no linealidad de la trampa magnética esconde más posibilidades. Cuando dos tipos de oscilación traslacional (a lo largo y a lo ancho de la película) se excitan a la vez en la frecuencia suma, empiezan a mezclarse y generan una cascada de nuevas frecuencias. El proceso se parece a cómo dos voces de un coro producen armónicos que no tiene ninguna de las dos por separado.
Después entró en juego un tercer músico: el modo de libración, es decir, el balanceo del imán en torno al eje de magnetización. Su frecuencia propia es seis veces menor y, cuando el quinto armónico del peine coincidió con el doble de la frecuencia de libración, esta se excitó y se sincronizó con las demás. El espectro se enriqueció con una estructura fina: ahora contiene más de sesenta dientes separados entre sí por apenas medio kilohercio. El factor de calidad de las oscilaciones alcanza 2,95×10⁵, lo que significa que, tras apagar el bombeo, la amplitud decae a 1/e en casi tres segundos.
Esta generación multifrecuencia recuerda al funcionamiento de un peine de frecuencias láser, pero en el terreno de la mecánica: en lugar de ondas de luz, oscilaciones de un imán diminuto. Cada línea del espectro está anclada en fase a las vecinas, como los dientes de un mismo peine, y el desplazamiento de cualquiera de ellas se detecta con gran precisión. Esto abre el camino a sensores ultransensibles de campos y fuerzas magnéticas: la más mínima influencia externa desplazará varias líneas a la vez, y ese desplazamiento se verá con claridad.
La orquesta sin director resultó capaz no solo de tocar al unísono, sino también de crear nuevas armonías. En el futuro, si se enfría el imán hasta el régimen cuántico, sus oscilaciones podrían convertirse en la base de la computación cuántica y de mediciones ultraprecisas. Por ahora, esta pequeña esfera flotante demuestra cómo la no linealidad pasa de ser un estorbo a convertirse en una herramienta para crear orden a partir del caos.
El micromagneto flota sobre el superconductor sin ningún soporte, y sus oscilaciones se pueden sintonizar con solo mover un imán permanente. Además, el factor de calidad es tan alto que, tras apagar el bombeo, la amplitud decae a 1/e en casi tres segundos.
En la novela de Arthur Clarke «Las fuentes del paraíso» se describe un ascensor espacial sostenido por levitación magnética; aquí, en cambio, la levitación no sirve para transportar, sino para crear un oscilador no lineal perfectamente aislado que genera un peine de frecuencias.