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ley de Curieley

En 1895, Pierre Curie, calentando oxígeno, paladio y sales paramagnéticas, descubrió una regularidad: cuanto más caliente está la muestra, más débilmente responde a un campo magnético. La razón es el antagonismo entre el campo externo, que orienta los momentos magnéticos atómicos, y el movimiento térmico, que los desordena. A bajas temperaturas el campo «vence» al caos térmico, pero al calentar gana el desorden y la magnetización disminuye. Formalmente la dependencia es simple: χ = C/T.

How it works

Mientras la muestra está fría, la mayoría de los imanes atómicos se alinean amigablemente con el campo, creando una magnetización apreciable. Al subir la temperatura, las vibraciones térmicas desbaratan ese orden, y la magnetización disminuye. Este efecto se emplea en termómetros magnéticos para temperaturas criogénicas y se tiene en cuenta al diseñar equipos de IRM, donde el calentamiento de piezas puede debilitar el campo magnético.

💡 Si la ley de Curie funcionara hasta el cero absoluto, la susceptibilidad se haría infinita: un campo infinitamente pequeño causaría una magnetización infinita. En realidad, a muy bajas temperaturas entran en juego los efectos cuánticos y la interacción entre los imanes atómicos, pasando gradualmente a la ley de Curie–Weiss.
\chi = \frac{C}{T}
χ — susceptibilidad magnética, C — constante de Curie (depende del material), T — temperatura absoluta en kelvins.
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