
El punto crítico fue descubierto por primera vez por Thomas Andrews en 1861, al estudiar el dióxido de carbono. Observó que por encima de 31 °C el gas no se licuaba a ninguna presión. Posteriormente, Van der Waals desarrolló la teoría, relacionándola con fuerzas moleculares.
En condiciones normales, las moléculas del líquido se atraen entre sí y se mantienen juntas, mientras que en el gas se dispersan. Al aumentar la temperatura y la presión, la energía cinética de las moléculas crece y las fuerzas intermoleculares ya no pueden mantenerlas ordenadas. En el punto crítico, estas fuerzas se igualan: el líquido deja de ser denso y el gas deja de ser enrarecido. Es como una multitud en un concierto: cuando hay demasiada gente y todos se mueven, ya no se distingue quién está quieto y quién baila; todos se mezclan en una masa homogénea.
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