
Imagina la atmósfera terrestre: las moléculas de aire se distribuyen con la altura según Boltzmann en el campo gravitatorio. Al nivel del mar hay muchas más; en la cima del Everest, tres veces menos, y en la órbita de la ISS casi no hay. En electrónica, según esta ley se distribuyen los portadores de carga por energías en los semiconductores: cuando calientas un diodo, aumenta el número de electrones con suficiente energía para superar la barrera y la corriente crece. Y sobre este principio se basa el funcionamiento de los láseres: hay que crear una inversión de población, es decir, una situación contraria a la de Boltzmann, para que los átomos emitan luz de forma sincronizada.