
Hasta principios del siglo XIX, la electricidad y el magnetismo se consideraban independientes. En 1820, Hans Christian Ørsted descubrió que una corriente hace girar una aguja magnética, y Michael Faraday demostró en 1831 que un imán en movimiento crea una corriente en una bobina. En la década de 1860, el físico escocés James Clerk Maxwell unificó estas leyes en un sistema de ecuaciones que no solo describían todos los fenómenos conocidos, sino que predecían las ondas electromagnéticas.
Cuando los electrones oscilan en una antena, crean a su alrededor campos eléctricos y magnéticos variables que, como las ondas en el agua, se alejan en el espacio en forma de onda electromagnética. El ojo percibe las ondas de alta frecuencia como luz, y una antena capta las radiofrecuencias como señal wifi.