
Ya en el siglo XVII, Newton supuso que la luz consistía en partículas minúsculas. Pero la verdadera revolución ocurrió en 1905, cuando Albert Einstein explicó el efecto fotoeléctrico —la expulsión de electrones de un metal por la luz— precisamente mediante cuantos de luz. Aunque la palabra 'fotón' no apareció hasta 1926, acuñada por el químico Gilbert Lewis, la idea de la partícula de luz se convirtió en uno de los pilares de la física cuántica.
Cuando un electrón en un átomo salta de una órbita alta a una baja, emite el exceso de energía en forma de fotón. Este proceso se asemeja a una piedra lanzada a un estanque: la energía del impacto se propaga en círculos por el agua. Sin embargo, el fotón logra ser a la vez onda y partícula. Es precisamente esta naturaleza dual lo que le permite, por ejemplo, interferir o reflejarse, y al mismo tiempo ser registrado por un detector como un destello puntual.
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