La idea de que los hadrones están compuestos por partículas más fundamentales surgió en la década de 1960. Los físicos Murray Gell-Mann y George Zweig propusieron de forma independiente la existencia de los quarks. Más tarde, los experimentos en aceleradores confirmaron su realidad.
Los quarks dentro de un hadrón nunca están solos, siempre están confinados en su interior. Intentar romper un hadrón requiere una enorme cantidad de energía y conduce al nacimiento de nuevos quarks, que inmediatamente forman nuevos hadrones. Es como intentar romper un imán: en lugar de dos mitades, obtienes dos imanes completos.
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