
En la década de 1930, los científicos comprendieron que debía existir una atracción especial en el núcleo, de lo contrario se desintegraría. El físico japonés Hideki Yukawa predijo en 1935 la existencia de partículas mediadoras: los mesones. Más tarde, en los años 1960-70, se desarrolló la cromodinámica cuántica (QCD), en la que los mediadores son los gluones y los constituyentes los quarks.
Imagina dos peces en un acuario con agua muy espesa: cuando están lejos, el agua apenas molesta, pero en cuanto se acercan, surge una poderosa atracción entre ellos debido a la presión del agua que tiende a juntarlos. Así funcionan los quarks: cuanto más lejos están, más se tensa una «cuerda» de campo gluónico entre ellos y la energía crece. Si se intenta separarlos, la energía llega a ser tan grande que se crean nuevas partículas, un par quark-antiquark, que se combinan en nuevas partículas estables.
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