
La idea surgió en los años 80 y 90 como una generalización del algoritmo clásico de recocido simulado. La primera máquina comercial basada en este principio fue construida por la empresa canadiense D-Wave Systems en 2011.
El problema se codifica en la energía de un «imán cuántico» artificial compuesto por muchos elementos (cúbits). El sistema se inicia en un estado simple pero muy incierto y se modifican lentamente los campos de control. Gracias al efecto túnel (filtración a través de obstáculos), termina con alta probabilidad en el estado de menor energía, que es la respuesta.
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