El primer prototipo de espectrómetro fue un prisma de vidrio que utilizó Isaac Newton en 1666 para descomponer la luz solar. Más tarde, Joseph von Fraunhofer añadió una red de difracción y vio líneas oscuras en el espectro del Sol.
La luz pasa por una rendija estrecha y llega a un elemento que la separa por longitudes de onda: puede ser un prisma (refracta más el violeta) o una red de difracción (refleja diferentes colores en diferentes ángulos). El detector registra cuánta luz llegó a cada zona microscópica. Así se construye el espectro: un gráfico de brillo en función de la longitud de onda.
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